Introducción
Todos los que vivimos de cerca el tercer sector sabemos que éste ha crecido mucho en los últimos años: influencia social, recursos disponibles, trabajadores remunerados… en paralelo las organizaciones han ido incorporando funciones profesionales que tradicionalmente no habían tenido: comunicación, calidad, recursos humanos…
Explicar a la sociedad qué hacemos, captar recursos para destinarlos a nuestros proyectos, hacer las cosas bien hechas o establecer buenoe equipos de trabajo son algunos de los frutos derivados del hecho de tener personas que se hacen cargo de las funciones mencionadas.
En todo este proceso, sin embargo, las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) omnipresentes en nuestra sociedad, no se han incorporado de forma suficiente a la vida cotidiana del sector.
Invertimos recursos importantes en calidad (procedimientos, auditorias, certificaciones…) pero no pensamos en las TIC como una herramienta fundamental para lograrla. Apostamos por la comunicación porque, entre otras razones, es la manera de hacernos conocer y captar nuevos recursos para nuestra actividad. En cambio, no tenemos presente que las TIC podrían ayudarnos a reducir nuestros costes, y por lo tanto, a tener menos necesidades de captación.
No es extraño encontrar entidades que utilizan herramientas para funciones que no les corresponde o donde ciertos procesos se repiten de forma mecánica sin aportar ningún valor añadido y generando errores que piden horas para ser corregidos… Todo ello, una cantidad fantástica de trabajo innecesario o que ha sido necesario repetir. Traducido en euros, el número daría para mantener un buen número de aquellos proyectos que no hemos podido tirar adelante porque nadie nos lo ha financiado.
El papel de las TIC en buena parte de las organizaciones del tercer sector es anecdótico más allá de sus usos evidentes. Están porque vivimos en la era de las TIC y éstas se nos cuelan por debajo de la puerta, lo queramos o no. Tenemos ordenadores, acceso a Internet e incluso, en algunos casos, aulas de capacitación de colectivos en exclusión, pero de aquí a hacerlas un activo estratégico todavía nos queda mucho camino por recorrer.
Las TIC tienen que ser un factor transversal que contribuya a un mayor y mejor cumplimiento de la misión de cada organización y por esto hace falta que se integren en la planificación estratégica de las entidades, al corazón de cada uno de os proyectos, procesos y actividades.
Artículo publicado con el Boletín de Novedades 019 de la Biblioteca del Tercer Sector. Por Jaume Albaigès, Colaborador del Observatorio del Tercer sector y autor del blog www.tecnolongia.org






















